El olvidado arte de pensar

Hay un dicho popular que reza en forma sarcástica: “el que piensa pierde”…

El olvidado arte de pensar

PD: el pensamiento, primordial actividad de la mente -pero no la única- surge naturalmente ante el cuestionamiento de lo percibido, de la concepción o de la constatación de problemas o conflictos a resolver, de la diversidad de opciones ante un problema o situación, de la constatación de diferentes alternativas y visiones, y de la confrontación de todo ello -y mucho más- con otras personas, que ven, miran o piensan diferente. El escaso cultivo de dicho arte talvez se deba a la falta de cuestionamientos, a la facilidad aparente de resolver conflictos dejándolos ser, o no ocuparse de ellos; de la actitud facilista de dejar que otros los resuelvan .. o no, de la carencia de creatividad o espíritu analítico crítico para ver, crear alternativas; y de o no querer confrontar visiones con otros, o por no saber confrontar y si pelear, disputar, intentar “ganar(le)” al otro, a los demás.

El evidente sustrato de todo esto es la desidia, el facilismo, la comodidad/haraganería, la opción por lo resuelto, el consumismo hasta de ideas, de “soluciones”; la profunda irresponsabilidad individual, colectiva, social y universal de cada vez más individuos ..

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Escenas Mínimas de un Pasado Perdido

Ya se había vuelto insoportable el aroma que desprende la cocina. Los ruidos de platos anunciaban el pronto almuerzo, no obstante, el estómago demandaba urgencias.

El primer llamado, a voz en cuello, surtió variados efectos. La mesa comienza a ocuparse, aunque aún quedan lugares vacíos. Los menores como siempre, éramos los más ansiosos.

Los platos humeantes comienzan a aparecer. La pregunta de rigor estira el anhelado comienzo: “-¿se lavaron las manos?-“

Para el segundo llamado ya estábamos todos. El rito de servirnos se vivía en tenso silencio, en una respetuosa espera del inicial “-buen provecho para todos-” de padre o madre, al estar todos ya servidos.

 

Los primeros momentos siempre eran de un casi tenso silencio, matizado apenas por el ruido metálico de los frenéticos cubiertos, devorándose los platos. También, la radio opinaba sobre temas del día, en una lejana letanía que sin embargo era imprescindible, aunque no autoritaria.

Apenas tres minutos después, se desataba un natural y trivial diálogo. Cada uno aportaba novedades o inquietudes. No era necesario un moderador, todos sabíamos cuándo hablar y cuándo callarnos.

 

Terminada la primera tanda, venía la segunda, si es que había. Si no, la aceptación era implícita y se pasaba a la distendida sobremesa.

 

Al final de la misma, marcado por que o mamá se levantaba y retiraba los platos, o porque papá anunciaba su ineludible siesta, al apartar definitivamente su plato y beber el resto de Salus que quedaba en su vaso, al final, “buen provecho” rigurosamente dicho por todos y cada uno, cada uno se levantaba, cerraba la silla y ordenaba su plato para ser más fácilmente levantado.

 

….

 

PARECE MENTIRA QUE …

 

  • No había celulares.
  • Comíamos todos juntos.
  • El inicio del almuerzo era marcado por el que un mayor lo librara.
  • La mesa incluía un saludable diálogo entre partes, que fluía sin mayor necesidad de moderación.
  • Si uno no deseaba más, cruzaba los cubiertos. Si no lo hacía, y había, se le ofrecía repetir.
  • Alcanzaba con una botella de litro de Agua Salus y, a veces -los domingos- con una “superfamiliar” de Coca Cola, de 900 c.c.
  • La radio acompañaba, pero no se adueñaba del escenario. A veces, proponía por su presencia algún tema, como el fútbol.
  • Se tomaba el tiempo necesario para comer con tranquilidad.
  • Eventualmente, y por un motivo que o era ya conocido o era manido en ese momento ante la autoridad familiar, eventualmente alguien se retiraba antes; si no, no.
  • A posteriori, cada uno a lo suyo. La sensación de familia unida incluía la natural dinámica de cada uno por su lado, luego de haber estado ritual y esencialmente juntos.

 

¡Qué tiempos aquellos!

La Responsabilidad de Hacer

En nuestro plano humano, no somos creadores sino agentes de cambios, trasmisores, provocadores, evocadores, llamadores, invocadores de lo que ya existe; beneficiarios.

Y sin embargo, la responsabilidad por no serlo – creadores sino todo lo demás- no es por ello menor sino todo lo contrario: ella es el centro de nuestra presencia acá, y para muchos, la razón de ser.

El Don de la Palabra

Quien emplea el don de la comunicación en beneficio propio, lo pervierte y se pervierte. El ser humano que emplea dicho don -o cualquier otro- en beneficio ajeno, o, hasta en beneficio Universal, consigue influir en los corazones y en las mentes de otros seres humanos, mediante la palabra o la escritura.

Una sola palabra, una sola letra puede habilitar, desencadenar, otorgar incluso la vida o la muerte; la creación o la destrucción.

Can´t buy my Love

El dinero no es, nunca fue tan sólo ni fundamentalmente una manera de facilitar el intercambio de riquezas, sino más bien, la manera más acabada de controlar su flujo, y de distorsionar su usufructo, su control, su detención, su ubicación, su destino.

Ser Feliz

Sin ser peyorativo con la analogía, que un burro logre saciarse con la zanahoria que perseguía, no evitará que vuelva a tener hambre. Que pretendamos la felicidad mediante el logro de ciertas metas, logros, objetivos, es absolutamente análogo a lo anterior. La felicidad es un estado de alma/espíritu que resulta de saber/tener la habilidad de vivir todas las vicisitudes de la vida desde un lugar de goce profundo y existencial.

Escenarios Emocionales

Llegamos al mundo para aprender, y comenzamos a hacerlo desde el primer momento. Traemos un bagaje de conocimiento puro y amorfo, de inteligencia básica como para sobrevivir y comenzar a vivir. Dentro de lo que traemos, está el ansia de recibir, sin condiciones, de ser aceptados, de ser atendidos, de ser amados. Hemos “olvidado”, sin embargo, la imperfección del mundo y de sus habitantes, así como del propio proceso de vivir.

 

La primera estrategia de vida es demandar, sin márgenes ni tolerancia, lo que necesitamos. Esto, aún sin saber qué es ello, qué es lo que es necesario. Es una demanda genérica, imperiosa y vaga, pero que el que se la atienda es, al principio, lo que se necesita para que ya no empiece la desilusión que luego indefectiblemente vendrá.

 

La otra estrategia es sacar conclusiones de lo que es necesario “hacer” o “ser” para conseguirlo.

 

Otra estrategia más es aprender de todo, ya que todo es nuevo. Ese aprendizaje es práctico pero “extremista”: se aprende a hacer lo conveniente, y se aprende a aceptar lo que es, cómo las cosas suceden, cómo se les da, cómo lo consiguen, cómo los demás “son”, a partir de su percepción de todo ello.

 

De una manera primitiva y no estructurada por el pensamiento ni el razonamiento, pero de una manera contundente, muy potente y que se tornará casi indeleble, se empieza a sacar conclusiones: de uno mismo, del mundo, de todo; de todos.

 

La “atmósfera”, el “ambiente”, los “escenarios” en los que se van dando esas conclusiones, los “actores” y “el guión” que se va desarrollando frente a nuestros ojos, todo ello forma parte integrante de las propias conclusiones. Y “el tono”, el sabor, el sentir/los sentires vividos y percibidos durante esa época, quedarán marcados con fuertes trazos en nuestro inconciente, coadyuvando a la formación de nuestro temperamento y a la definición de nuestra personalidad.

 

Como ese escenario inicial es crucial, por primero, por primario y por darse en momentos en que no hay estructura para vivirlo, casi no la hay, el mismo será “una referencia” en el futuro, en toda la vida, en más o menos intensidad e importancia. Será “inamovible”, básicamente, por residir en el inconciente, y por ser el primer marco de referencia aprendido, además en un estado del ser de imperiosa necesidad de referencias, de provisiones genéricas pero esenciales, tales como las de amor, las de contención, las de satisfacción completa.

 

En el futuro decurso de la vida, dicho escenario llegará a ser evocado en forma variable pero frecuente, en general en forma inconciente, así al menos hasta que haya un trabajo profundo personal de autoconocimiento.

 

Se tratarán de búsquedas de referencias, durante la vida, producto de necesidades algunas del momento, y otras más permanentes y vitales.

 

La paradoja es que a veces el mismo, siendo un marco conocido y por lo tanto provedor de ciertas seguridades, podemos evocarlo aún cuando en su momento él no haya sido totalmente sano, totalmente feliz, totalmente satisfactorio y pleno de las provisiones esenciales que todos pretendimos tener en él.

 

Lo que no es una paradoja sino una cualidad acrecedora del proceso vital es que dichas evocaciones, dichas “repeticiones” de dichos escenarios (no literalmente sino en una forma analógica y vaga, pero con las mismas energías) ellas nos vuelven a poner frente a las cuestiones irresueltas que yacen hoy en nuestra psiquis. Nos dan así, a la vez la oportunidad de sanarlas, de trasmutarlas, de resolverlas, y a la vez nos “obligan” a darnos cuenta, y de cara con, lo que aún hoy limita, en forma inconciente, nuestra capacidad de ser feliz.