NUEVO HACER .. NUEVO SER

Y el tiempo sigue pasando,

pasan los años,

la gente

 

Cambia a presente el pasado,

pero no hay nada

muy diferente

 

Por miles,

cuentan los años

desde que el humano aquí está

 

La historia muestra que paz,

amor y conocimiento,

no hubo en casi ningún tiempo,

desde el principio hasta acá

 

Y pasan las guerras,

las plagas.

 

Miserias y enfermedades

las hubo en todas las Edades,

y su lección propusieron.

 

Y sin embargo,

aún veo que no avanzamos,

que otra vez le erramos

 

Y sin embargo,

un discurso se puede oír en el mundo,

que dice que

 

algo profundo,

en muy poco

va a suceder.

 

que la humanidad

va a crecer

y hará de este

otro mundo

 

..

 

Son muchos,

cientos, los profetas

que argumentan con sus perfiles,

y que convencen a giles

que

en todo

la vida

es perfecta.

 

Que saben

porque ellos saben,

porque han venido de Allá,

 

Que los Maestros,

su clave

 

Que vienen

a Ayudar

 

 

Y los rebaños se aúnan

tras

lobos piel de cordero.

 

Entréganse de cuerpo entero

al salvador

que de turno,

haciendo así de este mundo,

un campo

y con mil cabañeros

 

La devoción los conmueve,

sucédense los milagros.

 

Un algo que ellos tienen,

que por creer diferente,

los hace mostrarse sonrientes

aún si está evidente “el diablo”.

 

Y no hay acción ni reclamo

por otra cosa mejor.

 

Se invisten en el amor

y con palabras hermosas

pretenden que todas las cosas

ya sean,

y así,

mejor.

 

Pero el dolor no,

no cambia,

y la ignorancia se acrece.

 

La miseria de hoy es mil veces

la que en pasados carentes:

porque hasta al alma ha alcanzado,

y ha contaminado las mentes

 

No se el momento siguiente

a este aquí estar

que tan feo.

 

Por lo que veo,

me temo que no será diferente.

 

No hay lección más urgente

que la que nunca abordamos.

 

Desde el lugar en que ando,

con mi conciencia latente,

mirando hacia poniente

y ansiando a un mundo mejor,

no encuentro un quehacer mejor

que el pensar diferente

 

Diciéndole

a quien se inquiete

por lo que yo, o parecido,

que por lo hasta ahora vivido,

lo único que es solución,

es que cada uno, desde el amor,

construya un mejor presente.

 

Si hay resultado,

no se ..

 

Si es lo correcto,

eso creo ..

 

Si hay esperanza,

me temo

que sí,

pero que hay que hacer

un Quehacer más profundo

para al Mundo

un Paraíso

volver.

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FANTASÍA TEXTUAL

 

Mi fantasía textual es (entre paréntesis y dos puntos/juntos):

  • Que en la carátula de nuestra obra se destaque la esperanza.
  • Que la obra comience/continúe ya, sin más prólogo.
  • Que los autores que somos, nos la dediquemos en uno al otro: siempre.
  • Que comencemos cada día un nuevo párrafo, y sin sangría.
  • Que sigamos, sin detenernos, el guión del amor.
  • Que al llegar -nos- a algún punto, que este sea punto y coma ( y que tú me comas); pero que no sea jamás, un punto y aparte, sino que en todo caso, sea un punto y seguido.
  • Que si hay errores tipográficos, que la fe de erratas los disipe.
  • Que cuando quede un espacio en blanco, lo tomemos como un punto de inflexión.
  • Que pongamos siempre, y con amor, los puntos sobre las íes, para asegurarnos siempre de acentuar todo lo sustantivo, lo proverbial, así como a los mejores adjetivos calificativos,
  • Que conjuguemos el verbo querer, cada uno en primera persona del –muy- singular, y ambos en la primera persona del plural, pero a la vez en modo infinitivo.
  • Que todo esto nos pase capítulo a capítulo.
  • Que sea una saga sin fin.
  • Y que cada ejemplar completado, lo sea con la mejor impresión.
  • Y, finalmente, que la posdata siempre sea la misma: TE AMO

 

INTERCONECTADOS/ INTERIORMENTE DESCONECTADOS

 

ALGUNAS CONSECUENCIAS DE LA DESCONEXIÓN PROFUNDA.

  • Llamo desconexión profunda al estado del ser de no vivir en contacto pleno y conciente con su más recóndita realidad. Esto es, por oposición/complemento al todo, un estado que excluye, sin ser taxativos, el conocimiento propio, la aceptación incondicional de lo que uno es, la alineación de las actividades hacia el logro de los auténticos deseos del alma, la entrega -que no rendición- a como las cosas son, han sido, el entusiasmo por la vida, propia y ajena; las ganas libres de vivir en amor; etc. etc.

 

  • Este estado, que por común, real y mayoritario, hace pensar, lleva a ver al otro, a su complemento (la conexión profunda..) como algo ideal, utópico sino mítico, y por todo ello, inalcanzable. Pero no tiene porque serlo.

 

  • La primera y clara consecuencia de esa realidad es que se vive a la vida desde una percepción distorsionada por el estado de no sanidad, no saneado también, de nuestro ser profundo.

 

 

 

  • Algunas de las consecuencias más concretas que esto genera, a mi entender, son las siguiente:

 

  • se vive desde una actitud defensiva, cerrada

 

  • se prejuzga a hechos y personas por su primera apariencia, y por la vinculación de esta con la historia personal

 

  • las conductas se dirigen a la satisfacción de necesidades no esenciales

 

  • se generan conflictos donde hay tan sólo diferencias, y muchas veces menores

 

  • se genera un status quo en el que el conflicto pasa a ser “la solución”, manteniéndolo y alimentándolo

 

  • el instinto de supervivencia se exacerba y distorsiona, haciendo tomar actitudes y acciones desalineadas con un sano concepto de vivir, también de sobrevivir, para llevar en cambio hacia una lucha por la vida, y contra los demás

 

  • lo concebido urgente se atiende; lo concebido importante, cuanto más importante y esencial se perciba, se desatiende, y por cualquier excusa o “razón”

 

  • la valoración de la vida y sus contenidos se trastoca, generando apego por cuestiones materiales y desapegos, en cierto grado, por lo no material, en particular por las relaciones profundas

 

  • se trivializa la existencia, perdiendo o escondiendo para nunca a la inevitable trascendencia que tiene la existencia y que todos en el fondo sabemos

 

  • se esquematiza la vida, enmarcándola en conductas y actitudes que terminan siendo hábitos, ritos, protocolos, inercias, olvidando, desatendiendo o haciendo como que no están, las sanas conciencias que en el fondo tenemos y no accedemos o no decidimos acceder

 

  • se permuta, con pérdida a la vista, el goce de vida por el consumo, tanto de lo material como de lo vinculado a las personas, ahora “cosificados”

 

  • se vive sumido en una confusión, resultado de la sobreabundancia de estímulos, de información, de exigencias vanas, y de modelos obtusos

 

  • se vive corriendo tras vaya a saber qué, en procura de algo que no se sabe bien, y que si se consigue en algún grado genera más que un goce profundo, un alivio, o una conformidad, o un disfrute que más se relaciona con los egos que con las esencias

 

  • se menoscaba la vida misma, volviendo “normal” a la muerte no normal, al dolor diario y gratuito, a la violencia extrema y absurda, y a muchas demás realidades de la vida, pero frente a las que, por la desconexión, uno se anestesia o hasta acepta aceptarlas, justificándose o justificándolas

 

  • se termina viviendo más bien desde las reacciones, desde los condicionamientos, desde el miedo, desde la obligación, sea social o individual; desde la moda y desde las actuales costumbres, sin espíritu crítico ni de reflexión siquiera

 

  • se termina “siendo”, así, una triste y amarga parodia del ser humano que reside en cada uno, el dotado de sensibilidad, de conciencia y de amor libre, responsable de sí y ante la vida, y responsable de la vida y la existencia, en su cuota parte y forma, por la razón de existir, de estar acá .. potencialmente hablando.

 

 

 

  • Las consecuencias son innumerables pero claramente perceptibles. También, son evitables, superables, simplemente a través del camino de la reconexión.

 

  • El resultado “final” no existe, ni ninguna entelequia que existe o que pueda existir, creadas desde la vaga conciencia de lo esencial de todo, pero “pasada” por “la maquinita de pensar”, trituradora de anhelos vitales, esenciales y reales, para convertirlos en meras utopías, ingenuas, infantiles y por lo tanto, insatisfactorias e inconducentes a un verdadero, sólido, permanente cambio de la realidad: de uno y de Todos

TO BE OR NOT TO BE .. HAPPY

That’s the deep question…

 

 

Las circunstancias, los hechos externos -y algunos otro internos, como enfermedades u otros problemas- están más allá de nuestro control, y por lo tanto condicionan nuestro bienestar y nuestra capacidad de vivir nuestra vida en forma plena y satisfactoria. Pero existe un núcleo propio, intransferible, recóndito a veces y otras muchas oculto o no muy evidente, que reside en nosotros, que nos condiciona tanto o más que todo lo anterior. Abocarnos a tomar la plena conciencia del mismo, abrazarlo, aceptarlo, elaborarlo y alinearlo con nuestros más profundas ansias, deseos y necesidades es, por lo tanto, una tarea intransferible, vital e impostergable.

 

Está claro que en el natural proceso del desarrollo humano se dan etapas, existe un proceso de autodescubrimiento, de auto conocimiento, de auto responsabilización, en general crecientes con el tiempo. La vida es variada y cambiante, y nuestro pasar en ella también, y sucede desde variados lugares, roles, protagonismos. El proceso de vivir siempre va sumando a nuestro acervo de convicciones, de valores, de expectativas, de sueños. También, a nuestras preferencias, a nuestros temores, al cuanto del desarrollo conciente de nuestras potencialidades. Ergo, adoptamos, adsorbemos, nos nutrimos, nos conformamos en un proceso paralelo y con estrecha correlación con aquél.

 

En particular las convicciones, concientes o no tanto, los sustratos de temor, de miedo. Las conclusiones sobre lo que nos ha pasado y el como hemos actuado, vivido, pasado por ello, todo se cristaliza internamente en una forma de ver al mundo, y de reaccionar ante la vida.

 

Cosas que nos han sido funcionales en algún otro momento de vida, dejan de serlo al cambiar este, y sin embargo las sostenemos. Mantenemos conductas, visiones, convicciones, improntas, aún cuando la realidad que las concretó hoy no exista. Y el proceder así puede muchas veces minar nuestra capacidad inherente de vivir felizmente la vida, plena y concientemente realizados.

 

Antiguas “solidaridades”, apegos; vínculos, relaciones, visiones; conductas, adhesiones; mitos, ritos y etcétera, a todo ello y más los podemos encontrar sostenidos en ese núcleo del que hablamos arriba, muchas veces por no tener conciencia de sus existencias, otras por miedo al cambio, sobre todo cuando se trataría de cambiar cosas que “antes” nos han “funcionado”. Otras, por una sorda, una pesada desidia, haraganería o fatiga esencial.

 

Al revisarlo, a dicho núcleo; al hacerlo con nosotros mismos, profunda, inteligente y sistemáticamente, con compromiso y sobre todo con el más sano y alto amor propio, podremos detectar en nosotros mismos conductas paradojales o hasta contradictorias con lo que nuestra más sana esencia nos demanda que seamos, que manifestemos, que consigamos, que logremos.

 

Es una posibilidad muy probable que encontremos en dicho proceso que de cierta manera nos hemos hecho “adictos” a sostener cosas de ayer, de antes, de nosotros en otros tiempos, porque en su momento sirvieron y porque fueron funcionales a nuestras necesidades de entonces; en momentos de otro grado de conciencia y de autoconocimiento y de lucidez propias. Es muy probable, hasta es muy común, me atrevo a decir, que encontremos que sostenemos mucho de lo aprendido antes, aún cuando hoy nos lleva a apocar el bienestar posible actual, a menguar la felicidad posible, el goce de vida, la realización profunda.

 

Esa especie de “adicción a la infelicidad” se sostiene por la velada oscuridad en que residen esas experiencias, esas conclusiones, esos retazos de un pasado pasado. Esa adicción se nutre del miedo al cambio pero no sólo de él sino de una especie de apego a un menoscabado grado de felicidad, de satisfacción .. o de alivio, logrado por nosotros antes, y mantenidos vivos por la inconciencia de esa realidad.

 

Esa “adicción” a la infelicidad puede ser nombrada así hoy, que las cosas son diferentes, que somos diferentes. En realidad es una tibia felicidad, alivio, satisfacción lograda y acuñada antes, que nos permitió seguir adelante como en aquel entonces pudimos, y que hoy vemos perimidas, obsoletas; si no totalmente inadecuadas y hasta perjudiciales a este hoy.

 

Por todo lo anterior, se impone que, amorosamente, uno se haga cargo de ese núcleo íntimo. De acceder a él, de abrazarlo, de aceptarlo, de conocerlo a fondo y de comprender su cuño, su origen, su misión cumplida. Y su obsolescencia, la necesidad de un cambio a un hoy que está para definirse, mirando atentamente a quienes hoy somos, a lo que hoy queremos, a lo que necesitamos profundamente, y al modo vivo, actual, conciente de ir tras todo ello.

 

Una tarea esencial, vital, intransferible .. e impostergable.

 

 

Montevideo, 7 de Diciembre de 2016.