CÓMO PASA EL TIEMPO!!???

IDEAS TEMPORALES

Cómo percibimos el tiempo.

Factores: la atención, la intensidad, la memoria, la edad, el grado de empatía, la sensibilidad en general.

Factores emergentes, secundarios: el estrés, el interés, el grado de novedad o el grado de rutina. El tiempo objetivo transcurrido desde el hecho a la evocación. La calidad de la memoria, factores naturales, factores situacionales (barullo, cantidad, calidad de la información desde la realidad), factores sanitarios.

Factores sociales: el afecto o amor base, en el contexto en que se vive, el grado de conexión con la realidad, el grado de vinculación con lo que transcurre y es, aún con lo que nunca es foco de atención o meta de la concentración. La experiencia personal, la historia de la persona, en cuanto a componer la particular mezcla actual de la personalidad del perceptor.

Factores culturales: en la medida en que haya un tiempo general integrado a la realidad colectiva de la cual uno participa. En la medida en cuán densa, intensa, profusa, variada e interesante resulta la realidad objetiva en la que se vive, para el perceptor del tiempo.

El tempo físico, inamovible, inmutable, objetivable científicamente.

El ritmo físico de la realidad inmutable, el de los procesos naturales que escapan a su percepción. El o los ritmos externos a la vivencia subjetiva de la percepción biológica de la vida.

La cualidad de la mente, de pensar. Su particular estado y forma, en el perceptor.

La inteligencia, en tanto su mayor grado habilita a una mayor densidad de la experiencia vital.

El status interno, psicológico vital, del individuo. El momento, su momento, su historia. Su cosmovisión, sus credos y creencias. Todo esto, en la medida en que la percepción de lo que sucede es íntima, interna, variable, voluble, subjetiva, momentánea fugaz, impredecible y modificable por la acción del propio pensamiento, hecho esto con intención y/o voluntad.

La edad y la madurez frente a esta. La historia y lo que de ella hay, decantada en la psiquis del perceptor. La actitud frente al pasado, la actitud frente al futuro, la actitud frente a la muerte.

En definitiva, la sensación básica del pasar del tiempo resulta de un cúmulo de factores, algunos controlables, muchos perceptibles, algunos concientes, muchos externos, la mayoría conciente son variables “en el tiempo”, y también, y sobre todo, sobre dos bases fundamentales: “el tiempo de proceso” del principal proceso mental conciente, o sea el pensamiento; y la relación, el contraste, el vínculo “natural” “original” entre los ritmos cósmicos y vitales del universo, de lo que es, aún si estos lejanos, desconocidos, totalmente externos incluso al pensamiento.

Las pulsaciones de campos, los ritmos naturales del cosmos que se percibe o no desde la tierra. Todo ello da una base de tiempo de referencia natural, sobre la cual se dan las alteraciones en más o en menos, en la intimidad y subjetividad del perceptor.

La percepción del tiempo es, entonces -y básicamente- el resultado del grado y signo de la alteración de las relaciones entre los ritmos cósmicos naturales de la Existencia (que naturalmente se viven en comparación natural permanente con los ritmos biológicos propios del ser humano), y el estado interno, íntimo, subjetivo, personal, circunstancial en el que el individuo “altera” esos ritmos, en base a cómo percibe, graba, vive, evoca, siente, en calidad y cantidad y cualidad, la vida, a través del principal proceso mental conciente, que es el pensamiento.

Resulta así “una densidad” de eventos vividos, percibidos, ponderada subjetivamente por el perceptor, que altera la “natural” densidad de dichos eventos que eventualmente se pudiera “medir” “físicamente”, esto es objetivamente, lo que hace que el tiempo “no pase más” o “el tiempo vuele”.

En particular, en la actualidad de hoy, en el estilo de vida actual, en donde se conjugan factores de estrés, de superabundancia de “información” a través de la cual “se vive” (se dice) “la vida”; juntamente con los de una creciente superficialidad, más la escasa y hasta cuestionable calidad de la vivencia de hasta los hechos más profundos, importantes, vitales, tradicionales en la existencia (como el estado de conflictos, la violencia, la realidad sanitaria de la tierra como sistema, el futuro previsible de la humanidad, etc.); agregado esto a la decadencia de valores, al grado de desamor base en la mayoría de la actividad humana, a la confusión frente a lo que es importante y trascendental y lo que no lo es, lo que no lo ha sido nunca; todo eso lleva a que, sumado al sesgo yang de cómo se vive hoy, donde casi todo pasa por “pensar”, nos encontremos viviendo una vida de locos en donde el tiempo no alcanza, donde se accede a tanto pero se le presta poca atención o poca calidad de percepción, donde hemos ido perdiendo gradualmente la vivencia de lo mediato pero trascendente, todo eso hace que hoy sintamos que la vida se nos escapa, que la vivimos insatisfactoriamente, pidiendo siempre por más, por más de un algo indefinible al que nos empeñamos en materializar, y tras el cual vamos, al que si bien nos acercamos y hasta llegamos a satisfacer en cierto y buen grado, esto no obsta para mitigar la sensación de insuficiencia, de liviandad, de futilidad, de sinsentido y finalmente de desesperación, con las que vivimos.

FACTORES RALENTIZANTES

Una realidad que es objetivamente poco densa, en eventos y en generación de percepción de los mismos, por ejemplo por pobreza de contenidos, por falta de fuerza para generar interés, por tener contenido, aspecto y calidad que no se conjugan con lo que el perceptor prefiere o quiere en ese momento o siempre, vivir. El aburrimiento es la forma visible, también la distracción, la somnolencia, la desidia, la falta de energía, el cansancio inexplicable.

Desde el punto de vista de la cualidad del perceptor: carencias en la atención que puede brindar, su cultura y conocimientos, su estado de conexión actual con lo vital y profundo, que está siempre presente en la realidad. El estar en una coyuntura interna o externa en donde esté rodeado de personas, escenarios y/o hechos que no los pueda manejar, que no les sean habituales, que no les interesa o que no perciba, en su cabalidad.

Desde el punto de vista del entorno, del momento histórico tanto vito como personal como social, el colectivo: si está en un momento o realidad fermental, motivante, rica, contribuyente, abierta, impelente de hechos, creativa, creadora de vivencia, culturalmente abierta a la vida, y sensible a la vida toda.

FACTORES ACELERADORES

Un cambio brusco, inmanejable en cierto grado, en la densidad “objetiva” de los hechos, de las vivencias en un determinado momento o evento.

El desborde de la vivencia, ya no por su densidad de información sino por su contenido, por su cualidad. Porque esta nos perturbe hasta cierto grado de conmoción, por extremas, por raras, por inesperadas, por conmovedoras en general.

También, y es un factor que puede tener también el signo de ralentizador, también cuando por desinterés, por superficialidad, por cualquier causa o factores o coyuntura que lleva a que “no registremos” la densidad de los hechos de la realidad momentánea, ello lleva a que cuando nos demos cuenta, “el tiempo ha pasado” y “no sabemos cómo”.

(La vivencia del tiempo tiene dos estados, al menos: una, la vivencia actual, presente, instantánea, “en línea” con la realidad; y otra, la del residuo, la que proviene de la evocación de la realidad, después de que esta ha pasado. Lo que lleva a que el factor memoria (vinculado con tanto el estado de salud como con los intereses, la cultura, la formación, los valores y el sentido de lo trascendente) intervenga en un “promedio” personal y propio, del estado de la sensación de “cómo (nos) pasa el tiempo”.

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AMOR ROMÁNTICO Y AMOR MADURO

El mal llamado amor romántico, muchas veces no es ni amor ni mucho menos romántico: más bien suele ser una doble y simultánea convergencia -más o menos duradera y oportuna, alentada por los dos- de dos seres movidos por sus hormonas, las que afloran con cierto descontrol, asociadas a la presencia del otro, que llevan a creer en mucho más allá de lo que la realidad es.

También, este “cuadro” del amor romántico suele ser puerta de entrada a una asociación mutuamente convenida -sin meditarlo demasiado, y más o menos consciente de todas sus implicaciones- entre dos disfuncionalidades, que así, en ello, resultan mutuamente potenciadoras y suficientemente gratificantes como para no creerlas tales, disfuncionalidades. Incluye, al menos en un primer momento, el toque engañoso e indudablemente sabroso del buen sexo, el de una cierta intimidad, con complicidad y confianza aparentes.

Este, puede durar un poco más de tiempo de aquél, el que le dio origen; y hasta hay quienes se atreven a llamarlo como “amor maduro”.

SOLAMENTE UNA VEZ…

Estamos tan olvidados, tan distraídos, tan confundidos en esta vida que tenemos, en el mundo en que vivimos, que perdemos la noción de su grandeza, y de la nuestra, de su generosa abundancia, y del cariz de regalo que tiene eso, el hecho de vivir, el de estar aquí; este presente.

Corremos, porque no nos alcanza el tiempo, decimos.

Buscamos más de todo, porque lo que tenemos no es suficiente, argumentamos.

Disputamos con los otros, lo que sea, por la profunda y equivocada convicción de que debemos hacerlo, so pena de perder lo que es nuestro, lo que nos corresponde, a lo que tenemos derecho.

Si no lo hacemos no lo obtendremos, porque “para todos no da”.

Tenemos miedo de arriesgar, paradójicamente, porque pensamos que talvez el riesgo no valga y sí valga lo que ya tenemos, y sin correr el supuesto riesgo de quedarnos “sin nada”.

Nos apegamos desde un lugar de convencida e ilusoria escasez, a una limitada, acotada y malentendida riqueza: esa, la de poseer.

Desconfiamos de los demás, nos creemos diferentes a todos, y por ello nos ocultamos adentro de nosotros mismos, bajo un cerrojo de única llave -a la que no le confiamos a nadie, y a la que intentamos olvidar que existe, y dejarla de usar.

Y paradójicamente, sufrimos por las distancias, por las ausencias, por la falta de afecto.

Buscamos reconocimiento, amor incondicional, aceptación tal y como somos, pero nos mostramos no como somos sino como pensamos que los demás piensan que, siendo así, nos aceptarían, nos querrían más, nos amarían.

Son tantos los absurdos de esta vida, que llega a parecernos que es ella misma, la vida, la que es absurda, sin sentido, sin ton ni son, sin miras de trascendencia, inconducente, sin propósito ni valor intrínseco.

Pero es nuestro mirar, quien la pinta así; somos nosotros quienes, temiéndolo, sintiéndolo, asumiéndolo a este mundo, a esta vida, de esa torcida manera; somos nosotros los que lo pintamos del color del que no es, Ocultando su verdadera e intrínseca verdad, variedad, riqueza, profundidad. Su realidad trascendente, su riqueza ilimitada y su belleza inconmensurable.

Deberíamos detenernos, cada tanto, y mirar en donde estamos, quienes somos, qué estamos haciendo, a qué valoramos y a qué no.

Tras lo qué van, nuestros decididos pasos, y todo aquello que dejamos a la vera de los caminos; al darlos.

Deberíamos pausarnos, nuestra actividad, a la vez que extremar hasta su paroxismo a nuestra sensibilidad, a nuestra capacidad de ser, de ver, de sentir, de vivir.

Deberíamos atender al árbol, a los árboles y los arbustos, al pastito, y no tanto o no sólo a ese “bosque” entre ilusorio, distorsionado e imaginado. Ese que difuso y lejano, indefinido, pintarrajeado por ojos que lo borronean y visto bajos luces equívocas y muy poco atentas o benignas.

Creo que esta altura del año es un buen momento para hacerlo.

Después de todo, de alguna manera solemos encontrar insólitamente tiempo para “todo”, incluso para todas esas cosas estúpidas cosas que en realidad bien sabemos que no importan, que son tan sólo costumbres, que son meros ritos aprendidos y repetidos. Que son actividades repetitivas y sin un trasfondo de real valor y trascendencia.

Deberíamos intentar hacerlo, porque intentarlo, en estas cosas, es equivalente a poder, si es que realmente se quiere.

En ese “instante” redescubriríamos tanto, tanto; todo, a todos, a nosotros mismos ..

Un “instante” eternidad, ahora visto con ojos de niños, ingenuos, inocentes, asombrados ante la maravilla de todo lo que hay, de lo que es, de lo que somos, de lo que está. Y de todo lo que podemos, todavía, hacer ..

Descubriríamos que no somos máquinas de conseguir o hacer cosas, sino que en cambio somos seres sensibles, diseñados para el goce y que nuestro medio natural es el amor. Amantes que imploran amor, que muy bien sabemos cómo darlo y cómo recibirlo pero que lo hemos pervertido, negándolo, cuestionándolo, cosificándolo, dilapidándolo ..

Descubriríamos que somos todos más iguales de lo que tememos no ser, que todos precisamos de los demás, que lo que importa no es lo que se adquiere o posee o usa sino que es lo que se vive, lo que se comparte, lo que se es, lo que esencialmente se da y se recibe, viviendo las dos caras de esa única moneda ..

Sería un buen momento, este, para detener esta parafernalia mecánica costumbrista adquisitiva y de tinte insuficiente, de escasez y superficialidad tanto como de errada. Sería un buen momento, y que volviéramos a la esencia que en verdad somos, y a la del Todo que Está, que Compartimos, que Vivimos ..

Sería un instante/eternidad que seguro que quedaría indeleble en cada alma sensible, abierta, honesta, conciente de su sí mismo y del de los demás, con un efecto sanador enardecido por revivido, por re descubierto ..

Deberíamos probar .. Deberíamos probar … Descubriríamos que somos amados, que nada nos falta, que vivimos una oportunidad y que lo hacemos plenos de inmensurables regalos ..

“INÚTILES Y SIN REFERENCIAS”

Es tal la desesperación íntima, la pérdida de valores, de referencias y de referentes; es tal el descrédito en todo, el rechazo u olvido de los valores de siempre, que, se puede ver todos los días, se imponen en ídolos, en referentes, en adalides de lo que sea, a personalidades que, de alguna y oportuna manera, destaquen, estén destacando, sea por lo que sea.

Sean estos gobernantes, deportistas, políticos; sean estas figuras fugaz, transitoria y/o momentáneamente llamativas, destacadas, sobresalientes a la actualidad imperante, y sea esto por cuestiones éticas o no, o morales o no, o válidas o no válidas razones -pero destacadas, popular, social, masivamente- ellos/estos son plausibles de ser endiosados, presentados como desiderata de lo que sea, pintándolos por algunos pocos trazos de algunos -a veces dudosos- rasgos de sí, como figuras de valor, personas a seguir, a destacar, a imitar, A VOTAR.

Una triste dinámica que nace de yermas pesquis, de desérticas subjetividades, que perdidas por el mundo, errantes entre ruinas y sin nortes a la vista, las que buscan CON DESESPERACIÓN “algo” o “alguien” hacia adonde mirar, alguien que les diga qué hacer, quiénes son, a quiénes seguir, y a quienes perseguir.

Una realidad hoy a la que se ha llegado por largos, arduos y muchos muy evidentes caminos; otros, sordos, ocultos, velados o desapercibidos, los que han hecho sonar muchas veces inútilmente, una infinidad de alarmas. a su momento. Caminos a los que por desidia, desinterés, incapacidad, ignorancia, comodidad o perversas conveniencias, la mayoría de la gente que hace esto hoy, siguió trillando, permaneció recorriendo.

No se si hay marcha atrás, si es posible corregir rumbos, todavía, y en tiempos y formas razonables y no cruentas.

Siempre queda aquello de tocar fondo, para empezar a emerger.

Talvez sea esa la forma en que el universo actuará, en algún debido momento.

Ojalá que así sea, que pase, que yo la vea, que la apoye y la apuntale; ojalá.. ojalá.. Y QUE SEA CUANTO ANTES

MOSAICOS

Aún no encuentro la salida

para entrarte en tu mundo

Y cuanto más veo que escapo,

más me zafo y más me hundo

Por tus pócimas secretas

yo, en condenas para siempre

Y los resabios de tus labios

y el calor de mi piel hirviente,

cocinada en tu caldero

y en tus jugos insolentes,

me depara el paraíso

a través de tu infierno ardiente

Mi vida

por la mitad,

a medio vivir,

yo medio muerto

Perseguido en un desierto

y a un paso de sucumbir

Soñando al oasis soñado:

Llegar,

al de amarte

para morir

Y así, preso me retengo:

redoblo mi confesión,

acumulo cuantas pruebas

y testigos para la ocasión,

pues

el calabozo,

el que encuentro

por el laberinto de tus pelos,

el que a un enredo me condena

y a así morir

a él me entrego

contento

por la eternidad que sea

o por este simple momento

¿¿Pesadillas??,

¿¿más??

¡no quiero!

ni perderme en tu marea

o en el callejón de besos

donde me encierras

te vives,

y eres Reina

.. de donde nunca debí salir

a donde mi alma implora que vuelva

.. a donde no puedo seguir

a menos que al fin te encuentre

y me pierda

NI ASÍ NI ASÁ

Sospecho que lo que realmente quieren, buscan y necesitan la gran mayoría de las mujeres, hoy, es: mayor visibilidad, reconocimiento, valoración, contar con más oportunidades y resolver algunas, seguro que muchas injusticias o inarmonías de fondo, estructurales, que sin duda que existen aún en la sociedad actual.

Sospecho que en cambio las menos, lo que buscan, quieren y necesitan, es expresar su resentimiento, buscar enfermizas revanchas, equilibrar la balanza a su favor por medios cruentos, no sanos ni declarados, y satisfacer de alguna manera, perpetuadas o postergadas veleidades, ganar mediante una impía derrota, batallas personales que nunca dieron, nunca se animaron a dar o nunca pudieron hacerlo.

Y de paso, tornar al status quo actual en uno definitivamente inclinado hacia un poder femenino acrecentado por estas malas motivaciones y desproporcionadas o desatinadas luchas, las cuales de cualidades en general personales, pero colectivizadas por el fervor que hoy les da su promoción.

Este plus de poder pretendido, suma pero también entrevera, al real poder que siempre ha existido, en ambos sexos y para cada uno de los cuales, en forma particular.

La mujer, con el poder de sus innatas y fantásticas cualidades propias, de la intuición, de la sensibilidad, de la impronta de la cercanía, de lo íntimo; con el poder de abarcar lo trascendente, con la facilidad innegable de llevar adelante la principal tarea humana, la de la subsistencia de la especie, a través de un accionar que intuitivo y que no por ello menos sabio, siendo las sempiternas depositarias de la tarea de cuidar a los pequeños, de introducirlos gradual, sabia y amorosamente al mundo real de los mayores, y  a su vez, siendo las gestoras por excelencia de todo aquello que implica lo esencial de la especie, lo que la preserva, lo que la acrece, lo que la sana, lo que le da, incluso, su sentido de ser.

Y por si esto fuera poco, acompañando desde un lugar igual de vital, de importante, protagónico y trascendente, al quehacer complementario, en algunas cuestiones muy diferente pero en las esenciales no, acompañando al hombre, para construir una realidad en la que todos somos iguales, si bien bien diferentes, y en las que todos dependemos de todos, de todo, más aún cuando la cuestión de vivir se plantea en el plano de lo supra concreto, de lo trascendente, de lo sentimental, afectivo, íntimo, profundo.

Sería una lástima que todo este sano poder se contaminara con las penosas apetencias, tardías, desmadradas por historias personales irresueltas y mal procesadas, por una serie de movimientos que tumultuosos, defectuosos, pobres, violentos y equívocos -en la medida en que procuran y por medios errados- una así vana igualdad o equilibrio por supuestamente compensatorias acciones, y no a través de la  profundización de las igualdades y de los equilibrios armónicos ya existentes; erradas por aportar dolor, problemas, visiones minadas de pobreza, en vez de, partiendo de lo sano de la realidad actual, abonarla a esta con lo que todos sabemos que es necesario mejorar, sumar, cambiar. Haciéndolo a esto sin peleas, sin denostar, sin parcializaciones fanáticas, ni en ni uno ni en otro género, y así, asumiendo que lo humano es intrínsecamente una búsqueda de la perfección pero partiendo de la imperfección endémica; que la vida es un proceso de mejoramiento que no es lineal, y en el cual es vital aprender de los errores y de los horrores, no, en cambio, suscribiendo a los conveniente y denostando por exceso a los que sectorialmente se entienda que no.

Todos aquí tenemos una misión: la de crecernos, desde cada uno y como todos, como un todo que puede y debe tender hacia un Mejor, mediante la comprensión, la inteligencia, la conciencia acrecida pero sobre todo por el amor, el amor fraterno, el amor universal, el amor que es sustrato de todo y que siéndolo, debemos tomarlo como elemento presente permanente e indeclinablemente en todo nuestro accionar vital. Incluido sobre todo en los dolorosos procesos, sean estos individuales o colectivos, temporales o más o menos permanente, comprendiendo que dolor más dolor da siempre más dolor, y que dolor abrazo por amor convierte al dolor en amor, como siempre lo ha sido, oculto tantas penosas veces tras las máscaras de la incomprensión profunda, y pintadas de dolor, bronca y resentimiento.