“JUJUATFOR”

¡Quisiera que me explicaran

cómo va esto de ser !

 

¡Adónde va su sentido,

y quién uno viene a ser!

 

¡Quisiera ya comprender

si algún motivo hay en esto!

 

Si esto al fin es perfecto

o acaso un azar lo de ser!

 

¡Quisiera algún día saber

cuál la verdad escondida,

que hay detrás de la vida

para que valga a Ella la tener!

 

Si es,

ser,

un gran premio,

¡bonito!,

o en cambio es una condena,

 

o acaso una simple arena,

que de lucha

por

y para

ser

 

¡¡Quisiera entender al todo!!,

¡al lodo usual de la gente!,

¡al “cielo” que dicen o entienden

aquellos que ven más lejos!:

 

.. a un paraíso manifiesto,

un algo único y probo

donde el Hombre y el Todo

conforman el Infinito

 

 

 

 

¡¡Quisiera hoy ya yo saber

si es cierto lo que yo creo!!:

que es un ocaso

que pobre y feo

de un inicio

que Ayer,

cuando Un Alguien lo quiso Hacer

a este particular mundo térreo

 

 

Pero me temo que no puedo,

no alcanzan mis escasos recursos

para comprender si este mundo

es digno de estar y de ser

 

y de que intente yo hacer

con mi porción de la torta,

que él ¡mejor hoy que ayer! ..

o bien si que eso

NO IMPORTA

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¿HAY ALIEN AHÍ?

¨”Somos”, nos somos, internamente, en conciencia; psíquicamente, somos alienados en mil partes. Internamente, vivimos en una intensa dinámica que hace que “circulemos” por las correspondientes identidades que cada parte alienada nos propone como nuestro “yo”, como nuestra verdad.

Este proceso es incesante, es inconciente o es semiconciente, y no es lineal: podemos perfectamente “ser” (nos) más de una “parte” de ese todo que somos, y es posible que ello implique una lesa contradicción.

Esa realidad interior, multiple y fraccionada, funciona más allá del control que se le pueda pretender.

Es parte integrante de lo que somos (sin comillas) e implica una multicidad, con cierta congruencia y hasta coherencia, dentro de la que en cada momento decidimos qué hacer, cómo hacer, qué/quién ser.

Dicha realidad conlleva una cierta inestabilidad, una aquiescencia que suele ser conflictiva, entre “la lógica” de cada una de las “partes” en las que, puntualmente, vivimos una realidad.

En conjunción con lo externo, con los hechos concretos, con las realidades más allá de la percepción, al conjugar eso externo con lo que momentáneamente estamos “siendo” -desde alguna o más de una de esas “partes”-, resulta una variedad infinita de “escenarios” en los cuales nosotros (sin comillas) funcionamos, vivimos, somos.

Estos escenarios son la visión nuestra, local, íntima, de “lo que pasa”, de “lo que es”, de “la realidad”.

Ella está plasmada por lo concreto, pero sobre todo, pintada de, filtrada por nuestra percepción. Esta, función de, dependiente de cada “parte” en la cual estemos recibiendo tal eso lo concreto.

Véase entonces la complejidad de conjugar vivencias con otros seres humanos, en la medida en que, si bien cada uno tenemos “partes” predilectas, que se adueñan -o parece- de ser lo que “en verdad somos”, y que por lo tanto funcionamos desde lugares comunes, los que nos dan una cierta y mayor “identidad”, esta identidad puede variar, puede tornarse inestable, puede incluir aspectos desconocidos, y puede no repetirse siempre de la misma manera.

Por lo tanto, cuando hablemos de “realidades” debemos tener claro esto; primero, que hablamos de hechos percibidos e interpretados; y segundo, que dicha percepción, el filtro de percepción que resulta de “lo que somos” (puntual, instantáneamente, momentáneamente, coyunturalmente) es en realidad un algo variable, maleable, no fijo ni controlado, e incluso muchas veces sorpresivo, sorprendente para nostros, inédito. Más allá de ese “tronco” de partes, de la conjunción estrucurada de sus “yo”s que preferimos elegir ser habitualmente, que conforma esa externa identidad que cada uno muestra, es, elige o parece ser.

Todo un desafío.

“EN HONOR A LA (BÚSQUEDA DE LA) VERDAD. Y A STEPHEN HAWKING.

Inteligencia y felicidad están interrelacionadas: inteligencia es la habilidad de adaptarse a los cambios (Stephen Hawking; felicidad, es la habilidad de hacerlo disfrutando.

 

Corolario: la inteligencia propende a la felicidad.

 

Corolario: cualquier otro estado semejante, sin ella, es posiblemente tan sólo un estado amorfo y dulzón del alma, o un mero delirio, o una simple ilusión .

 

Sabiduría, conocimiento; desconocimiento, ignorancia. Una secuela inevitable, presentada en orden inverso.

 

El Todo, a la luz de lo que hoy sabemos, es, materialmente hablando, muy poco más que la nada.

 

Dios, si existe, no “juega a los dado”. Pero es un empedernido experimentador, incansable, exhaustivo y creativo a la vez.

 

Azar y orden no son contrapuestos: el orden rige al azar, en tanto este es, cada vez que ocurre, la manifestación particular, en cada caso, de la infinitud y riqueza de aquél.

 

No me imagino otra razón posible para meditar sobre el viajar en el tiempo, que la de la inconformidad con el presente.

 

Somos monos avanzados en una estrella más, perdida en la inmensidad del Todo. Lo particular es que nos podemos dar cuenta de ello; nada más.

 

Al concepto del Big Bang se llega por deducción, o por inferencia y por extrapolación. Ergo, se basa en lo que conocemos hoy. Vale decir que es el “lugar” del cual ya no podremos “avanzar”; al menos en base a lo conocido, como hemos hecho hasta ahora.

 

Hay una inteligencia conciente, visible, explicable, analizable. Y hay otra que no, que es talvez intuible, “probable” ante nuestra ignorancia; “desconocida”. Sin embargo, esta es tan inteligencia como la primera..Ambas son estructuradas, vale decir que se expresan, se evidencian, en los hechos en procesos, en realidades, en lógicas y en leyes, que son, éstas, apenas, imprescindibles “puntos de partida” para nosotros, que los necesitamos para nuestra usual comprensión; esta, preámbulo pretencioso para meramente aceptar las cosas como ya son. Nos gusta mucho más la primera, pero deberíamos asombrarnos y honrar a la otra, más allá de nuestras preferencias. Después de todo, el Creador o como quieran llamarlo, excede a nuestras capacidades, en todos los aspectos.

 

Si los extraterrestres vinieran a visitarnos, tengamos presente que vendrían viéndonos a nosotros como “extraplanetarios” suyos.

“VIOLENTAMENTE”

La intolerancia es la más grave patología social de estos tiempos. Y la violencia, su peor consecuencia.

 

“Enseñar” significa, también, mostrar: y enseñamos la violencia, todo el tiempo y en todo lugar.

 

Nos guste o no nos guste, la violencia es algo natural al ser humano. Negarlo es empezar perdiendo en la intención de controlarla.

 

La violencia es un atajo para conseguir lo que se pretende. Es no respetar los límites de comportamiento o acción socialmente instituidos.

 

La violencia aflora, se despliega en cualquier ámbito, en forma abierta, velada o sorda. Y sólo se la puede empezar a controlar en el interior de cada uno.

 

Somos “lo que traemos” pero también nos integra y condiciona el “cómo nos ha ido/nos va yendo”. De todo eso surge, vivo, contingente, lo que decidimos ser y lo que decidimos hacer.

 

No somos “un producto acabado”, estamos en constante cambio. Lo que implica que la tarea de ser(nos) no acepta hitos, mojones, ni -menos- final(es).

 

Cuando aún no sabemos nada, lo que se nos muestra, lo que se nos enseña, lo que nos pasa es “todo”, o casi todo. Y siempre ello es fundamental.

 

Creamos violentos, al mostrar cotidianamente “lo inimaginable”, “lo atroz”, “lo indecible”. Es más fácil cruzar el límite si “se sabe” que otros lo hacen, lo han hecho.

 

Un ser humano sano, cabal, amorosamente acuñado a lo largo de su existencia y maduro en la vivencia de su ser, de su persona, cuenta con herramientas mil, que lo separan de la violencia. Y sin embargo esto, nunca estará libre de ella: de tomarla, de actuarla, de “devolverla”, de que le pase, de que le toque.

 

Son demasiadas las cuestiones a las que se atiende por reacción. Ídem, las que se atienden en función de sus consecuencias, básicamente, y sin atender sus causas. “Tarde” y “mal” (en tanto ver consecuencias es algo parcial) es, si no la peor, una pésima manera de actuar frente a una problemática; sea esta personal o social. Tanto para una persona como para un Estado.