CUÁNTAS… CUÁNTOS…

Cuàntos muertos enterrados
Cuantos hondos precipicios
con valor ayer salvados
para seguir hoy en lo mismo

Cuàntos buenos, en sacrificio
Cuànta sangre derramada
para que hoy y mañana
nos gobiernen aùn los mismos

Cuànta mentira, cuànto cinismo
se percibe en sus discursos
que no son de patriotismo
sino de oscuros enconos

Cuànta lucha ayer ganada
para estar como se està hoy:
cual si no hubiera sido nada
la valentìa y el amor

Cuàntas mentes agraciadas
con el pulso firme y alto
que elevaron a su mira
y que una naciòn nos regalaron

A la cual nos, heredamos
y a la cual todos debemos
este nombre con que nos llamamos
y el orgullo de de Uruguay ser, nos

Cuànta bronca contenida
frente a lesas, burdas mentiras
de estos que no son uruguayos
sino que son de quien los guìa

..tras manidas utopías
que no existen más en el mundo
que han perdido por indebidas
y por sus contenidos oscuros

Cuànto dolor, cuàntas heridas
que ni miras de sanar:
la naciòn està perdida
por los que la habràn de robar

con sus rostros con sonrisas
sin decoro y sin verguenzas
con lo próximo en la mira
que engorde más ya sus cuentas

Cuántas idas y cuántes vueltas
que se dan en esta vida
para que uno se de al fin cuenta
de la verdad y de la mentira

Cuànto tiempo pasarà aùn,
y encima ..
cuànta cuento se habrà de escuchar
de los que hablan de democracia
y que luego .. “al baño”  “la van”

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LA RISA, COSA SERIA..

“REÍTE NOMÁS”

Se dice, se sabe, se cree; “parece ser que” la risa hace bien. Es un aserto que abarca desde ser “un lugar común” hasta para muchos entendidos con lo espiritual, es una verdad en este aspecto de la vida.

Hay algunas definiciones por ahí de lo que es la risa; en general malas, escasas o parciales. Más allá de buscar y lograr alguna descripción acertada y con la que la mayoría convengamos que “eso es la risa”, lo cierto es que todos bien sabemos lo que es reír.

Lo primero que viene a la mente en cuanto se habla de reír, es que hacerlo nos hace sentir bien. Lo otro que enseguida emerge es el carácter explosivo, o intempestivo, o involuntario o reflejo del acto de reír.

Hay bastantes estudios que han mirado hacia el lado físico de los efectos de reír, y los describen beneficiosos. Por otra parte, todos llegaremos fácilmente a convenir que “es mejor reír que llorar”.

Su carácter o aspecto incontrolable, en buena medida, hace que a ella se la puede buscar evitar, reprimir. La risa a veces tiñe de un carácter informal, desconstraído, irrespetuoso o poco solemne a un momento o circunstancia, y ello nos lleva a que, si adviene de todas maneras, busquemos rápidamente contenerla; “por inadecuada”. Lo cual no siempre nos es posible, ni siempre nos hace bien.

Si bien ese carácter reflejo o incontrolable de la risa, también es cierto que se la puede provocar. En un contexto determinado, en un asunto determinado, en un momento, lugar y circunstancia determinados, podemos estar de hecho más propensos a reírnos, y hasta a hacer porque la risa surja o se sostenga.

El disfrute de reír no se circunscribe al interior de una persona. Sus manifestaciones son múltiples, y todas o su mayoría, son más o menos estentóreas, visibles, externas. Por ello, quien ríe trasmite su risa e invita o promueve la misma en otros, que cercanos o afines al contexto que le dió lugar. Eso le da un carácter adicional de socializadora, genera un compartir involuntario, inesperado o promovido, en general por más de uno.

Las sensaciones alrededor del acto de reír son variadas y hasta complejas, por decirlo así, siendo que además de tener sus manifestaciones físicas típicas asociadas, sus efectos instantáneos son muchos más. Hemos citado recién, el efecto externo, “social”; y se verá más adelante, los efectos psicológicos o hasta espirituales de reír.

En el momento de reír hay una sensación dominante que hace cesar, prácticamente, todo otro aspecto del momento y lugar en que quien ríe esté. Nos domina una sensación explosiva, incontenible, que desplaza a cualquier otra postura o consideración. Esto hace que muchas veces el reírse resulte incómodo y también, inadecuado.

Pero, centrándonos en lo que nos pasa a quienes reímos, a quien ríe, digamos que se sobre impone al tono general en que veníamos estando, un “espíritu” o ambiente o tinte difuso pero muy concreto y potente, que hace que de hecho “nos olvidemos” de casi todo lo demás (aunque muchas veces, segundos después, apenas, reconstituyamos voluntariamente y mediante la represión de lo que sentimos, el ambiente actual al previo, o a uno más adecuado que el resultante de la explosiva, intempestiva risa que emergió).

Esta potencia que tiene el reír, su tinte, tono, color de goce con el que indudablemente cuenta, así como el hecho de que por ella, se “desplaza” a casi que todo otro contexto -sobre todo interior, individual, propio- ello hace que reír “nos atraiga”, nos guste; que busquemos hacerlo; que convengamos muchas veces promoverlo; con la intención, en la búsqueda de, con la pretensión de generar esos y muchos otros más (la socialización, por ejemplo) efectos agradables de reír, y de controlarlos y administrarlos.

Todos somos bien concientes de que el flujo constante, irrefrenable casi, de nuestra conciencia habitual (“lo que pensamos”) nos “lleva” por muy variados lugares internos, en lo que pensamos, en lo que sentimos, en cómo nos sentimos; y en consecuencia, y variando de una a otra persona, en lo que hacemos con ese fluir que vivimos, interno.

Este, propio, único y a veces hasta insondado en toda su inmensidad, este “nos somete” (con algún grado de control de la voluntad) a un “estar” complejo, interactivo con lo que nos pasa y dependiente de un cómo que depende en algo de nosotros, pero en mucho más, talvez, de otros que no nosotros.

En general, muy en general, este proceso interno “de pensar” va surcando senderos que acompasan nuestro ánimo a nuestras circunstancias. El mismo va resultando de nuestro empeño, de nuestro hacer, de quienes somos, de cómo nos somos; de nuestras expectavivas, etc.

Muy en general, y en todo caso a los efectos de lo que queremos trasmitir aquí, muy en general ese decurso del flujo de pensar nos transporta a momentos, ambientes, circunstancias, hasta “pensamientos” no agradables, molestos, exigentes, tensos; los que invitan, por ese sentirnos mal, a “hacer algo por” salir de ellos. Dependerá de muchas cosas, y sobre todo de cada uno, si esto se da, cuánto y cómo, y si eventualmente prepondere sobre otros sentires internos. Así como su frecuencia y oportunidad (no a todos nos hace sentir tensos, por ejemplo, lo mismo).

Planteado este escenario para continuar con nuestras consideraciones, lo que vamos a expresar ahora tiene que ver con una actitud bastante usual, natural incluso, pero no inevitable (y sana de evitar o controlar, en cierta medida y muchas veces) de “zafar” de nuestro “sentir”: vale decir, de reprimirnos en lo que no nos gusta, nos molesta, no controlamos, nos lastima, etc etc.

(Filosóficamente, nuestra preocupación hoy sobre esto reside en el credo de que todo lo que nos pasa, interna y externamente, es aprovechable a nuestro favor; así, la actitud de rechazar, de negar, de prescindir, de reprimir “parte” de lo que nos pasa, es, al menos, una desgraciada actitud en función de lo dicho. Puesto que, al cercenarnos parte de nuestra vivencia concreta, estamos ciertamente coartando nuestra posibilidad de mayor conciencia, de mayor conocimiento y aprendizaje, de mayor comprensión, de tanto lo que nos pasa pero sobre todo de nosotros mismo. Vale decir, que haciéndolo, obstamos a, mediante la autoconciencia -y el amor propio- conocernos más y mejor en quiénes somos, para desde allí, eventualmente y también desde lo constructivo, lo amoroso, con la mejor intención, elaborar nuestras realidad para seguir adelante en el proceso de vivir, siéndonos cada vez más quienes realmente somos, y convirtiéndonos cada vez más -otra parte del credo- en una mejor persona, en un ser humano más íntegro, y por todo ello, propendiendo a un estado de alegría, de goce, de sana felicidad conciente, en nuestra vida y también afectando en el mismo sentido a la de los demás).

Retomando el hilo planteado, otro lugar común, cierto, sabio, constatable, real, es que “todo va en la medida en que sea”. Vale decir, los extremos, los excesos, los abusos, las carencias, pueden tornar “un algo”, de benévolo o benéfico, “positivo”, en todo lo contrario; o al menos coartar aquellas, sus primeras o más típicas o esperadas cualidades.

Esto vale para todo. Y también, creo, vale para la risa.

¿Por qué nos ocupamos de esto hoy?

Es notorio, o al menos eso creo, que estamos en una época de superficialidad. En un momento de la humanidad en donde vivir ha cambiado grandemente con respecto a no tanto tiempo atrás. Este cambio pasa, se constata en muy variados aspectos de la vida: tanto materiales como psicológicos y hasta espirituales.

En lo material, el progreso tecnológico ha “trastocado” grandemente el estilo de vida de los viejos tiempos, incorporándonos en forma perentoria y de cierta manera “desconsiderada” a una actualidad en donde todo es más rápido, en donde muchas cosas son más fáciles, en donde las preocupaciones son diferentes, en donde los estilos han cambiado, en donde las conductas, las expectativas, los valores y los sueños son diferentes a los de antes. Muy diferentes.

El sustrato más visible y aceptado por todos de hoy, es el consumismo. Esto es, hoy, el placer de vivir, el realizarse, el disfrutar, el tener éxito pasa mucho más que antes por la prosecución/consecución de un algo tangible, material o émulo, o sucedáneo.

Hoy vivimos en una parafernalia en donde el “tener” importa mucho más que el “ser”. El “lograr” es el motor primero, dejando cual secundarias al menos, algunas otras cuestiones que antes pesaban más; como el modo, la oportunidad, y el contenido concreto que se pretenda lograr.

Las conductas humanas, que son el caldo de cultivo y “sus hortalizas” también, de la “sopa” que es la sociedad, las conductas humanas muestran también esos cambios. Y es fácilmente visible la rapidez, el apuro, la fruición, la ansiedad, hasta la “obligación” de cumplir con las hoy convenidas, pautas de vida que “nos muestren” (¿?) como felices, exitosos, disfrutando de la vida; realizados.

Por así decirlo, en el conjunto de las conductas actuales, pesa mucho la búsqueda del placer, el logro de las satisfacciones. En esto, y como siempre fue así la vida, en esto suelen aparecer dificultades, obstáculos, impedimentos, demoras; como siempre las han habido. “Somos”, más o menos todos, una “generación” de sibaritas, de empeñosos procuradores de placer, hedonistas a ultranza. Y esto no está tan mal, pero talvez sí lo de “a ultranza”.

Las referidas condicionantes habituales de la vida, en cuanto a que la vivamos a plenitud y goce (esto, en la medida y forma en que cada uno lo defina), esas condicionantes hoy son mucho más intolerables para la mayoría de la gente. Hay, sin dudas, una menor tolerancia al fracaso, una mayor ansiedad por el logro, una “tirria” a todo lo que obste, aún transitoriamente, a un proceso -que se pretende lineal, o casi- de ir logrando lo que nos hemos ido pautando como “necesario” para que nuestra vida sea como dijimos, plena y gozosa.

Esto, que exterior, visible, constatable, esto es el reflejo, es el correlato externo de una semejante actitud interior. Una actitud interior que ha ido exacerbando el rechazo a vivir todo lo que no sea simplemente alineado con el goce, con el logro, con la “felicidad”. Una actitud que, como vimos, propia y natural humana, la que hoy se ha vuelto extrema, en base a los nuevos preceptos culturales de formas, tiempos, contenidos y “permisos” para todo lo que se apetece lograr.

En consecuencia, no estamos si no extremando un comportamiento natural humano, de alejarse de aquello que no le gusta, que le molesta, que no sabe, que por alguna hasta obtusa, arbitraria razón, “no quiere” para sí. El balance anterior, antes de esta complicada época, eran: la conciencia de lo trascendente de la vida, la noción de que crecer es importante para todo y para todos, la actitud respetuosa, amorosa, con todo lo que la vida presenta, la sabia comprensión de que en ella, no todo es bueno, liviano, “positivo” en el sentido banal en el que hoy nos manejamos. Esas, y otras muchas cosas que oficiaron de balance a la actitud de cómo vivir, esas se expresaron, cuajaban en los modales, en las buenas costumbre, en los valores, en la moral, en el concepto de buena gente y de un buen hacer.

Es justamente en la erosión que han sufrido esas cuestiones que contrabalanceaban el vivir, haciendo que este no se viera como hoy sí, en un simple proceso mecanicista, materialista, de prosecución y de consecución de placeres y de otros hitos o materialistas, o vanos, si bien no materiales. Es en ellas que hoy se ve claramente “el efecto millenial”, el despliego y el efecto de ese sustrato de la vida actual, con todas sus aberraciones, con sus extremismos, y con sus sesgos, errores, sus prescindencias, de lo otrora sabido, consabido y vivivo habitualmente, profundo y sano; y del cese casi total, de otras consideraciones, allende a las de “supervivencia” (esta, además, vista en el contexto ya descrito, de imperiosas y vanas necesidades, artificiales las más).

¿A qué viene todo esto, a propósito de lo inicial, lo de la risa? A que en esa liviandad actual, en ese superficialismo asumido, a esa liviandad moral y ética, la risa ha tomado un papel relevante para consumar esa liviana actitud de vivir pero “consumiendo” todo, y hasta la propia vida.

Como vimos arriba, la potencia intrínsica que conlleva la risa, la ha vuelto un recurso que apoya fuertemente muchas de las actitudes actuales que subyacen o que son evidentes en esta época, en esta sociedad de hoy.

El caracter evasivo de la realidad, que la risa puede generar, puede conllevar; el cambio del tono de gravedad, de solemnidad, de reverencia o de respeto, que la risa puede acarrear; el goce momentáneo, explosivo, sustituyente “automático” de otros incómodos sentires; todo ello, al menos, hace que la risa, hoy, sea una buena herramienta para vivir como hoy se concibe que está bien vivir.

Esta realidad se la puede constatar en casi todos lados: los espectáculos hoy son cada vez más livianos, apelan sistemáticamente a la risa, y para hacerlo, lo hacen desde casi que cualquier punto de vista: de la burla, de la sátira, del humor denigrante; de los contenidos que habitualmente generan “humor”, aún cuando estos puedan ser discriminatorios, violentos, enfermizos.

Esta realidad también se la constata en el poco “peso” de lo profundo, de lo sano, de lo tradicional (esta palabra es hoy casi una mala palabra).

Socialmente, las exigencias de antes, para llevar adelante un acto social, una reunión, un evento, hoy pasan mucho más por ya no sólo el consumo de determinadas y pautadas bebidas, humos o comidas, sino que también hoy simplemente se busca “´pasar el rato”, “divertirse” o “entretenerse”, sin mayores ulterioridades. Hoy, “pasarla bien” es, mucho más que antes, ya no sólo atender el consumo sino realizarlo con excesos, incluso barriendo con las limitaciones sociales anteriores que dichos abusos -o algunos contenidos, como la droga- limitaban -y sanamente- un hacer social, y conllevaban y propendían a una vida en colectivo pautada por actitudes y comportamientos más sanos, profundos, conducentes; vitales.

Hoy, tanto en radio como en televisión, podemos fácilmente encontrar propuestas cuyos contenidos se basan, casi que exclusivamente, en generar la risa: los bloopers, el cotilleo liviano sobre “personajes” también livianos, si no vacíos; la burla de ya no -como siempre lo hubo- las autoridades sino también de lo institucional, a través del ridículo, a través de una crítica velada, de un juicio lapidatorio para quienes por su forma de ser y talvez por su quehacer o formación, aún mantenemos en ciertos grados, el respeto, la formalidad, la solemnidad, la esencialidad de las cosas en la vida.

Hoy, reírse está bien visto.. y no importa ya casi de quién ni qué conlleve o suponga ese reírse.. Hoy, las masas ríen, fácilmente, se regodean en una risa fácil, generan códigos que apoyan un quehacer liviano, y viven así imbuídos en una realidad alterada, manoseada y pervertida por las pautas que, implícitamente, van generándose, para que “todo” sea risible, objeto de risa, coadyuvante para reir ..

Este panorama penoso no sólo lo es por su contenido, por lo que trasunta o evidencia, sino porque no propende a otro que no sea él mismo: hay una realimentación positiva, en la liviandad, en la vida sin “complicaciones”, en la vida laxa de preceptos morales y estéticos. Lo que se vive “goce” y es “fácil”, se tiende a repetir. Sobre todo cuando, como ya dijimos, los contrapesos anteriores -en personas y en valores, en actitudes y en acciones de vida concretas, antiguas- esos contrapesos hoy están soterrados, pervertidos o lisa y llanamente muertos, desaparecidos.

Reír está muy bien .. Es un acto de goce, íntimo, interno, positivo, socialmente conducente .. Reír es también un acto espiritual, en donde se da una integración -por la risa- de contextos que racionalmente pudieran no haberse visto integrados. Es una válvula de escape pero también una vía de acceso a nuevas formas de vivir, a nuevas vivencias a partir de lo conocido y habitual.. Reír es sano, intrínsecamente, porque nos conecta, nos evidencia, nos abre los ojos, nos lleva a los demás, nos junta, nos enseña .. Pero, y como todo es, si nos permitimos verlo, todo es bueno, en la medida en que es bueno: el desmadre, el exceso, la torcedumbre, la negación, la parcialización, el rechazo, la elección dolosa hacia otros lugares que no sean los naturales, todo ello alimenta, sostiene y propende una manera de vivir como la de hoy, en donde “todo es motivo de risa” y nadie o casi nadie se da cuenta de su contracara: del irrespeto, de la inconciencia, de la elección torcida hacia una menor conciencia; de la negación implícita de tomar la vida en toda su extensión y esencialidad, complejidad y diversidad .. A valorarla en tanto oportunidad, en la que habrán cuestiones que no se sientan agradables pero que de alguna manera que talvez cueste o que no se logre comprender, sin embargo conducen a que seamos, todos y cada uno, más humanos, más integrales, más sanos, más esenciales, honrando profundamente por serlo, esta oportunidad única que es la vida ..

LAS COSAS COMO SON

Si planto una semilla de naranjo, no obtengo un limonero de ninguna ideológica ni cultural manera.

Si una perra tiene cría, ninguno de sus vástagos devendrá en gato, de ninguna ideológica ni cultural manera.

Si la hembra humana tiene cría, ella resulta o bien macho o hembra (niña o varón). Y ello es invariable, independiente de la voluntad, de ideologías o de culturas (descartamos los sujetos nacidos hermafroditas, por ser estos (si bien personas también, lógicamente) tan sólo anomalías que no se sustentan en sus descendencias; o sea que no constituyen otra cosa que no sea una anomalía).

La semilla deviene en su destino mediante el desarrollo natural programado y bien definido para la especie. Las variantes que se le puedan imponer a aquella, por desarrollos alterados expresa o accidentalmente, no hacen más que variar en cualidades el resultado, sin cambiarlo de categoría, género o especie.

Una cría de una cierta especie, deviene en su destino mediante el desarrollo natural programado y bien definido para la especie. Las variantes que se le puedan imponer a aquella, por desarrollos alterados expresa o accidentalmente, no hacen más que variar en cualidades el resultado, sin cambiarlo de categoría, género o especie.

Una cría humana idem.

El desarrollo científico ha permitido que, mediante manipulación genética, sujetos de una determinada especie adopten cualidades específicas y bien determinadas, de otras especies. Surgen así los transgénicos.

La manipulación genética en animales, idem anterior.

Todo esto, hecho con declarado propósito de “mejorar” las especies, dotándolas de cualidades que le son de interés al ser humano, para su explotación.

Al momento de hoy, no tengo conocimiento de análogas manipulaciones en sujetos humanos, con análogas o semejantes intenciones, de “mejora” de la especie. En todo caso, en ningún caso real, posible, en desarrollo si es que lo hay, o fantástico, es previsible que tales manipulaciones (que son artificiales, intencionadas y rebuscadas, a la medida de un interés concreto humano) dichas manipulaciones conviertan a un género en otro, o a una raza en otra; etc etc.

Dado un determinado sujeto humano, su desarrollo natural lo irá cambiando, llevando a que termine siendo un adulto desarrollado. En dicho desarrollo natural no es de esperar, es imposible que este cambie ese “destino genético” (de especie) que tiene.

Dado un sujeto humano, su desarrollo natural va siempre acompañado de un desarrollo contingente muy intenso, el que abarca, incluye factores tan diversos tales como lo familiar, lo social, sus circunstancias materiales, su época, lo que contingentemente resulte del decurso de su existencia; etc etc.

Este proceso es un proceso de desarrollo, vale decir que por él se van cumpliendo básicamente las etapas naturales que le están predeterminadas como especie, y como sujeto concreto inserto en una realidad imprevisible y actuante, condicionadora con cómo se da ese proceso natural.

Ese proceso de desarrollo jamás tuerce, y menos al punto de deformarlo, aquel proceso natural. Pero el resultado de el mismo, del proceso, o sea el sujeto en concreto que se va desarrollando, tiene un espectro infinito de resultados posibles, de variantes de perfil, de cualidades, de “formas de ser”, posibles a adquirir en el proceso global de desarrollo; en cuanto a todos los demás aspectos propios de un ser humano, excepto aquellos que nos vienen prefedifinidos por naturaleza. Vale decir que NO EXISTE PROCESO TAL QUE CONVIERTA UN SER HUMANO, EN TANTO ENTE BIOLÓGICO, EN OTRO DE OTRA CUALIDAD, GÉNERO O ESPECIE.

Los factores extra natura que influyen en el desarrollo de un sujeto humano, lo van conformando en aspectos comportamentales, fundamentalmente. Esta conformación puede provocar ligeras modificaciones estéticas, incluso, del sujeto “predeterminado”. Incluso, y dentro de la misma categoría de cambios posibles, lo afecta en su forma de pensar. Pero nada más.

Vale decir que LA NATURALEZA SE IMPONE, EN SUS BASES “DE DISEÑO”, EN PRÁCTICAMENTE TODAS LAS ESPECIES CONOCIDAS (hay casos de poblaciones animales en que, dada la escasez de machos, una hembra puede devenir en uno, para garantizar la supervivencia de la misma; pero no es el caso del ser humano).

La mayor diferencia y particularidad de la especie humana, frente a las demás especies, es su desarrollo mental (designando así, a muchas variantes del mismo, de la actividad cerebral conciente: racionalidad, afectividad, etc.). Esta cualidad, que lo aleja en concreto en cuanto a sus posibilidades de acción, y de comprensión, de todas las demás especies, es, a la vez, su mayor ventaja, su mayor desafío y SU MAYOR PROBLEMA con el que lidiar.

El hombre, se encuentra inserto en una realidad que lo supera en todo sentido, en dimensión, en complejidad, en formas concebibles; esta es una realidad a la cual vive desde una capacidad propia de ser ese su “sí mismo” que es, en formas muy acotadaas: en formas que ni conoce todas, comprende ni mucho menos domina, controla.

Esta cualidad humana es la que “explica” las sinfines formas en que un sujeto humano “es”, “vive” y “hace”.

Sin embargo lo anterior, estas variantes son meras variantes COOMPORTAMENTALES, no estructurales. Vale decir que, lo que crea, lo que alimenta, lo que propende y lo que sostiene esa DIVERSIDAD de “resultados” comportamentales, esos concretos e indisimulables factores de su existencia y desarrollo, NO SON, sin embargo, los NATURALES, los de diseño, los inherentes a su existencia en tanto tal, en tanto sujeto de una determinada especie, con las definiciones que ello implica, con los “datos” que la naturaleza le doto y que son inevitables.

La incidencia de todo eso que afecta el desarrollo humano se aplica sobre lo que es dato, sobre lo humano, lo natural, lo propio de la especie y lo propio y concreto de cada individuo, en tanto cómo este nació.

Es muy grande e indisimulable el efecto en los hechos que todo esto genera. Es un conjunto de factores que resultan clave en cómo el individuo “termina siendo”, dicho esto en tanto como se COMPORTA. No así, aún siendo primordial sus efectos, no así en lo natural, propio del sujeto.

Vale decir que NO HAY IDEOLOGÍA NI CULTURA QUE PUEDA TORNAR A UN SUJETO EN SUS CUALIDADES NATURALES. EN OTRO, NI GENERAR NINGUNA ESPECIE DE “VARIANTE” EN LO ESTRUCTURAL.

LOS CAMBIOS QUE IDEOLOGÍAS O CULTURAS GENERAN EN LOS SUJETOS SON DE COMPORTAMIENTO, Y NADA MÁS.

Por lo tanto, el ser HOMBRE o MUJER no está sujeto a revisión, a opínión, a correción ni a alteraciones en lo estructural, en lo biológico, en lo propio y natural de la especie y sus parámetros (género, especialmente).

LO QUE LLAMAMOS “HOMBRE” (tomando distancia momentáneamente de lo biológico natural ES UN CONSTRUCTO COMPLEJO, AFECTADO POR LA CULTURA, POR LAS CIRCUNSTANCIAS, POR LA HISTORIA PROPIA, LA CERCANA Y LA HEREDADA.

ESTE CONSTRUCTO PARTICULAR, este, el de un sujeto en concreto SE DISTINGUE ENTRE los OTROS SEMEJANTES, POR SU COMPORTAMIENTO, POR SUS FORMAS DE HACER Y DE PENSAR. SIN DEJAR DE SER bajo ninguna circunstancia LO PROPIO RECIBIDO Y ESTRUCTURAL, que es irrenunciable, que es indisimulable, que es inmutable, que es por ser, porque la naturaleza le impuso eso SER.

LOS QUE SOSTIENEN COMO CUESTIÓN “DE ELECCIÓN”, COMO COSA PROPIA DE “LAS LIBERTADES” CON QUE UN SER HUMANO CUENTA; LOS QUE ADUCEN QUE TANTO LA CULTURA COMO LA IDEOLOGÍA QUE AFECTE A UN SUJETO “EXPLICAN” y justifican que este SE VUELVA “OTRO”/OTRA COSA.. MIENTEN.

Cuando una mentira se monta empeñosamente, se sostiene igual -y en forma violenta y chocante-, cuando se despliegan argumentos falaces, en contraposición con lo evidente pero empujado, llevado adelante por la fuerza de “la moda”, de “lo revolucionario”, del “cambio”, de “lo nuevo, recién descubierto”; cuando todo esto pasa HAY GATO ENCERRADO.

EL HECHO DE IDEOLOGIZAR ALGO DE ESA MANERA SUGIERE QUE O NO SE ESTÁ VIENDO LO NATURAL QUE INCLUYE, O SE LO ESTÁ QUERIENDO TAPAR. En ambos casos, es un penoso resultado, en tren, con miras de un real desarrollo de la Humanidad.

LA REALIDAD ACTUAL DEL MUNDO INCLUYE CASOS EN QUE OSTENTOSAMENTE SE QUIEREN IMPONER NUEVOS PARADIGMAS DE UNA MANERA VIOLENTA, CHOCANTE, IMPERIOSA Y ARRACIONAL. ESTAS ACCIONES TRASLUCEN LA PSIQUIS DE QUIENES ESTÁN DETRÁS DE ELLAS, Y EN TODO CASO, AÚN CUANDO SE PRETENDEN NOVEDOSAS, NO SON MÁS QUE MANIFESTACIONES ACTUALES DE LA MUY DE MODA HOY, TENDENCIA HUMANA A NO SUPERAR, A NO RESOLVER, A NO SANAR SUS PROBLEMAS Y ASUNTOS, SINO A “INVENTAR” “CAMINOS” ALTERNATIVOS” QUE NO LO SON, Y QUE SÍ QUE SON, QUE TERMINAN Y EMPIEZAN SIENDO NADA MÁS QUE MANERAS DE EVITAR EL REAL TRABAJO HUMANO DE CRECER, DE SER MEJORES, DE SUPERARSE, DE SALIR ADELANTE, Y DE VIVIR TODOS Y CADA UNO, MÁS HUMANAMENTE, MÁS AMOROSAMENTE Y EN CONSECUENCIA, MEJOR.

COMO EL SOL.. CUANDO ANOCHECE..

Cuando suman más las pérdidas

Cuando abundan las escaseces

Cuando el frío no atempera

Cuando los vacíos, son,

los que llenan casi todo

Cuando enceguecen las oscuridades

y la luz, .. inexistente

Cuando hay gente

pero ausente

y los cercanos

a la mano

pero en vano

sin un presente

Cuando piensas demasiado

Cuando ves a lo trillado

como un muy lejano pasado

Cuando no arriesgas a la suerte,

ni te atraen las aventuras

si es que rozan zonas oscuras

que aún subsisten en tu mente

Cuando el tiempo, omnipresente,

es un tictac endemoniado, que grita

insiste hasta que duele

que él mismo se va terminando

Cuando esto .. y mucho más,

¡¡mucho menos ya aparece!!

.. y, la esperanza de la paz??:

como el sol .. cuando anochece